La vida de Alec (Oliver Jackson Cohen) en Inglaterra se está viniendo abajo. Su tienda de reparaciones eléctricas, “El Curandero”, está a punto de cerrar. Debe dinero a la gente equivocada, se acuesta con una mujer casada y bebe como si no hubiera un mañana.

Inesperadamente, un hombre llamado Raymond (Jonathan Pryce) aparece, diciendo ser su tío. Raymond llega con una misteriosa propuesta que permitiría a Alec hacer “borrón y cuenta nueva”: él pagará todas sus deudas y, a cambio, Alex se mudará a Nueva Escocia durante un año.

Alec llega a Lunenburg, un pequeño pueblo donde Raymond tiene una casa. Allí conoce a Cecilia (Camilla Luddington), la veterinaria del pueblo, quien, para ayudarle a encontrar trabajo, le propone publicar un anuncio en el periódico local ofreciendo sus servicios como electricista. Para hacer el anuncio más atractivo, Alec escribe “El Curandero: arreglo cualquier cosa eléctrica estropeada”, pero algo sale mal en la impresión y el anuncio finalmente da a entender que Alec es una especie de sanador milagroso.

Al ver el anuncio, la gente del pueblo acude en manada a contratar sus servicios, aunque Alec les rechaza explicándoles el error. Pero entonces sucede algo tan extraordinario como inexplicable: ¡todos aquellos que han ido a ver a Alec se han curado de sus dolencias! El rumor se extiende: Alec, claramente, sana.

Cuanto más se esfuerza el chico en negar sus poderes curativos, más cosas extrañas ocurren a su alrededor: los perros sienten una fascinación absoluta por su persona; el Padre Malloy (Jorge García), párroco del pueblo, muere de un ataque al corazón y resucita poco después; y un anciano sordo le dice a su mujer que deje de gritarle.

Alec, en estado de shock, descubre un secreto familiar: tiene un don. El don de curar.

Alec debe ahora elegir: aceptar o rechazar su don.

La llegada de Abigail (Kaitlyn Bernard), una adolescente con cáncer terminal, tremendamente madura e inteligente, le dará a Alec una última oportunidad para reconsiderar el sentido de su vida.